Marcallé: muchos escritores que encajan en el concepto de “consagrados” ya no se leen y han sido olvidados


Néstor Medrano

Roberto Marcallé, recientemente laureado con el Premio Nacional de Literatura que conceden la Fundación Corripio y el Ministerio de Cultura, desnuda en esta entrevista, que es la primera parte de dos conversatorios, algunas ideas ya matizadas en sus obras, que no dejan de ser una provocación crítica sin salir del tono y de la humildad que ya le conocemos.

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Roberto, el Premio Nacional de Literatura que auspicia la Fundación Corripio, con el apoyo del Ministerio de Cultura, en lo que constituye el más importante galardón a la trayectoria de un autor dominicano, llega a tu vida en un momento en el cual la Literatura parece estancada, ¿qué opinas?

RMA. En tu pregunta se incluyen dos aspectos que, a mi juicio, es preciso dilucidar como temas separados. Afirmas de manera un tanto categórica que nuestra literatura parece encontrarse estancada. Una afirmación de esa naturaleza obliga a preguntar las razones de tu apreciación. En relación a lo que dices del Premio Nacional de Literatura considero que un premio literario puede alcanzarte en un determinado momento sin que importen las circunstancias en las que se encuentre la literatura como es tu apreciación. El Premio Nacional de Literatura se otorga con independencia del momento literario o sus circunstancias. Se reconoce la obra realizada durante toda una vida, lo que significa que trasciende lo inmediato, cuanto ocurrió hace algún tiempo o lo que esté ocurriendo ahora. Si me preguntas cuál es la situación de mi trabajo literario, conoces muy bien la respuesta. Nunca he dejado de trabajar ni de publicar. Tengo entre mis planes la publicación de cuatro obras este año, dos novelas extensas y dos libros de historias. Hablo de historias, es decir, cuentos o relatos, no de Historia como algún periodista ha interpretado. Incluyo entre mis propósitos publicar novelas que vieron la luz años atrás, porque quisiera que muchas personas que no las conocen puedan leerlas. Así se me ha solicitado. Como puedes ver, sigo trabajando sin cesar. Y si Dios y la naturaleza me lo permiten, así lo haré mientras esté dentro de mis posibilidades. Si hablas de estancamiento de la labor literaria en sentido general, entonces deberíamos incursionar en ese tema, abordarlo.

¿Ese galardón te consagra como novelista, cuentista, ensayista o ya eras un consagrado?

RMA. No entiendo bien esa calificación. ¿Qué es un escritor consagrado? Muchos escritores que encajan en el concepto de “consagrados” ya no se leen y han sido olvidados. Muchos premios Nobel son desconocidos y la gente no los recuerda ni los lee y de ahí la necesidad de que, como un ejercicio de humildad, se repase la lista de vez en cuando. Hace poco adquirí los libros de Patrick Modiano, el último de esos premios, y noté con sorpresa que varios de ellos son “segundas ediciones”, es decir, que sus libros se habían publicado una sola vez. Noté, asimismo, que durante mucho tiempo sus novelas no eran aceptadas en los ambientes literarios europeos de relevancia porque su tratamiento del tema de la nostalgia carecía, a juicio de esos ambientes, del  sentido intenso de la vivencia, de la experiencia de hechos relativamente recientes. Muchos premios Pulitzer ya no son recordados. Muchos escritores que fueron muy aclamados en su momento, poco a poco son arropados por la niebla inclemente del olvido. Te sugiero revisar el concepto en Harold Bloom, el crítico literario de mayor reconocimiento universal y su libro “Genios”. Si lo deseas, revisa el texto de Andeson Imbert sobre escritores latinoamericanos, que es para mí una referencia pemanente. Allí encontrarás miles de nombres de autores que ya nadie recuerda o que nadie conoce. Sus libros han sido olvidados y ellos también. Entonces, es preciso asumir una actitud de humildad porque el concepto de consagración puede ser muy relativo. Creo que si un escritor obtiene un Premio como el Nacional de Literatura ha dado un paso gigantesco. Ese reconocimiento representa un antes y un después en tu trayectoria. Personalmente yo lo concibo como un motivo de profunda reflexión. Creo en mejorar cuanto se ha hecho y mejorar ilimitadamente a partir del otorgamiento. Eso ya existía en mí, pero pertenecer a un grupo tan selecto de escritores de renombre te obliga a esforzarte doblemente. Imitar el gesto de James Joyce que decidió publicar dos versiones del “Retrato del artista adolescente”. El verdadero maestro de la consagración es el tiempo. Un galardón como el Premio Nacional de Literatura es un avance formidable hacia esa meta. Pero, como sabes, desdeño la arrogancia, la altanería, la vanagloria. Creo que he sido beneficiario de un galardón invaluable, pero mi norte no ha cambiado, es el mismo de siempre: continuar trabajando, un firme concepto del deber para con las letras y un profundo sentido de la responsabilidad para con el oficio. Y humildad. Mucha humildad. Un reconocimiento frío y desapasionado de que somos seres humanos con todas sus virtudes y todas sus deficiencias.MARCALLE2

¿Qué opinas del desdén que se muestra desde muchos ámbitos hacia los autores dominicanos y las preferencias de autores del exterior sobre nuestros escritores, es cierto que esto se debe a que tienen una mayor calidad o que se trata de una realidad impuesta por las propias deficiencias sistémicas del país?

RMA. Los escritores dominicanos nunca han estado en condiciones de competir con sus iguales del extranjero en la aceptación del público. Somos un puñado y ellos son una multitud, así que en términos numéricos ya estamos en desventaja. Es cierto que la presentación de las ediciones nacionales ha mejorado, pero persisten otras fallas notables. Debemos hacer mayor énfasis en el trabajo, mejorarlo sustancialmente, esforzarnos más todavía. Es preciso insistir en organizar un adecuado mercadeo de nuestras obras literarias tanto en el país como en el exterior. La verdad es no es equiparable lo que invierten las editoras en la promoción a nivel universal de su “cuerpo de escritores”, de los cuales los dominicanos no formamos parte según tengo entendido y ojalá me equivoque, en relación a lo que se invierte en nuestros autores que en muchos casos es nada. El escritor dominicano es un escritor solitario y sus recursos son muy limitados. Las ediciones que esas casas editoras hacen de autores dominicanos son de manera exclusiva para el país y no trascienden al exterior. En tanto esto ocurre, los denominados “cuerpos de escritores” foráneos inscritos en sus nóminas siempre ganan los concursos literarios que dichas editoras auspician y reciben honorarios muy elevados por sus libros, lo que no ocurre con los escritores locales. Esos escritores extranjeros tienen asegurado el respaldo de equipos de marketing, de consejeros, de correctores, de personas que saben cómo colocar un libro. Libros y autores son conocidos a través de comentarios y críticas de personalidades de prestigio en el mundo del arte y la literatura. Sus artículos se publican en lugares privilegiados en los medios de comunicación y cadenas de noticias internacionales. Eso se evidencia, incluso, en las “consultas” que hacen las agencias de prensa con las principales librerías del Continente, de España, del mercado hispano de Estados Unidos y esos autores y sus libros siempre figuran como “los más vendidos”, es decir, los más difundidos y los más leídos. Estas publicaciones penetran a todas partes. Te voy a citar un caso extremo: ¿qué autor dominicano ha recibido una promoción tan agresiva y millonaria como la que se ha hecho con las “Sombras de Grey” o con “La verdad sobre el caso de Henry Quebert”, o “Inferno” por ejemplo? No sé de ninguno. Incluso los escritores afiliados de esas editoras universales, tan pronto ganan un premio, hacen un recorrido por numerosos países para promocionar sus textos. No sé de ningún escritor dominicano que haya tenido esa suerte o que haya recibido un pago sustancial por uno de sus libros. Finalmente, ¿cómo equiparar el reducido y limitado mercado local con uno que incluye a toda América Latina, a España, al dominio hispano de Estados Unidos? En cuanto al desdén con el que se trata a muchos autores dominicanos a que te refieres, creo que deberíamos tocar lo que se denomina “el factor cultural”. Nuestra condición de isla, de “aislamiento”, nos ha afectado mucho. Es una realidad con la que es muy dificultoso lidiar, pero que posee asientos culturales muy sólidos y sus resultados son, en definitiva, nefastos.

¿Qué escritor dominicano te representa?

RMA. No entiendo la pregunta. Si me cuestionas cómo se inserta mi literatura en la literatura nacional te diré que entre los escritores sociales dominicanos, los que han hecho de la realidad social el ámbito de su trabajo, donde se dirime el drama del ser humano, del ser nacional, donde se producen los graves conflictos que nos definen en los aspectos esenciales de cuanto somos, en qué situación nos encontramos, hacia donde nos dirigimos, cuáles son los valores y los antivalores predominantes entre nosotros, cuáles son nuestras aspiraciones.  Hablo de Galván, de Marrero, de Cestero, de Bosch, de Corpito Pérez Cabral, de Moscoso Puello entre otros.

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¿Han sido responsables los intelectuales dominicanos con su realidad, sus valores o traidores como denuncia Manuel Núñez en su libro El Ocaso de la Nación Dominicana, al minimizar las luchas patrióticas de la Independencia ante las tropas haitianas?

RMA. Es un viejo problema que se inició con el concepto de “internacionalismo proletario” de intelectuales y militantes de izquierda y que en principio tuvo como escenario a la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Es lo que el intelectual Alex Ferreras denomina como ejercicio de liquidación de la historia nacional. El debate que se fundamenta en lo que ciertos estudiosos llaman desdeñosamente “historiografía tradicional” en contraste con la denominada “historiografía científica”. Yo lo trato en mi novela “No verán mis ojos esta horrible ciudad”. Objetivamente, existe un debate mayor: entre los que creen en la vigencia de los valores patrios que son el espíritu y la esencia de nuestras tradiciones como nación y como estado en contraste con el concepto de aquellos, muy bien calificados por el patricio Juan Pablo Duarte, para los cuales dichos valores ya no se corresponden con realidades presentes. Es lo que plantean aunque sus motivaciones e intereses sean muy diferentes a los que exponen de manera pública. Me inscribo entre los primeros. Y creo que la mayoría del pueblo dominicano y sus sectores realmente pensantes también.

¿Para Roberto Marcallé Abreu, constructor de una sólida obra literaria que ha logrado entretejer una atmósfera cruda de la realidad marginada de los barrios, los suburbios urbanos, la pobreza y la delincuencia apabullante en sus mil formas, qué se debe hacer para construir un mejor presente nacional?

Como escritor considero que una respuesta válida sería la de elaborar ficciones en las que determinadas manifestaciones de la realidad se presenten desde puntos de vista inéditos y que sean válidas para intuir realidades más profundas que muchas versiones en apariencia reales pero que son producto de la impresión, de una reflexión parcial o poco objetiva o de percepciones generalizadas o vulgares. Creo en el escritor como un ser visionario y sapiencial y en esa condición sus percepciones deben trascender a extremos que superen lo común y lo aparente, que alcancen alturas superiores en su originalidad, en su creatividad, en su trascendencia. Tropiezas en mis libros con personajes que van descubriendo y revelando verdades fundamentales gracias a su propia inquietud, a sus propias vivencias, a sus propias amarguras. Esos personajes puede que tomen partido o no en las confrontaciones que les toca vivir. Puede que logren cuanto se proponen o que sencillamente fracasen. Su tarea es ir elaborando expectativas en las que ellos y el lector alcanzan a visualizar la razones que ensombrecen sus vidas, que hacen palidecer la verdad y, si lo quieres, cuanto atenta contra la integridad del ser humano y su anhelo de una vida menos precaria y desdichada, menos miserable. En la trilogía del señor Pemberton el tema esencial es una provocación. Es un ejercicio literario sobre la libre determinación de la gente, la toma de decisión que se fundamenta en percepciones propias e inducidas, el proceso de hacer consciencia de las propias capacidades, la estructuración dinámica de esas capacidades y su coordinación para transformar los retorcimientos que hacen de la vida de las personas comunes y corrientes una vida inmersa en la iniquidad, la amargura, el desencanto, la impotencia. Creo en esa premisa, en la toma de consciencia y en la organización como primeros pasos para transformar una realidad que resulta en definitiva intolerable.

 

¿Qué opinas de la situación actual de los escritores dominicanos? ¿Quién es escritor, el que escribe o el que publica?

Creo que el escritor dominicano necesita tomar la iniciativa y dar los pasos que lo orienten a disminuir el estado de pobreza, de angustia y de postración en el que se encuentra. Su realidad es realmente deprimente. Propongo una labor común para encaminar planes que complementen algunos existentes tanto en el sector público como en el privado. Hablamos de  escritores que dedicaron toda su vida al oficio pero que llegan a la ancianidad y a la vejez completamente desprotegidos. Es preciso estimular la creación de un mercado de lectores y de crearlo a nivel interno paralelo al intento de internacionalizar nuestras letras. Es preciso lograr un sólido respaldo financiero para que los escritores jóvenes y los ya reconocidos puedan publicar sus libros sin tantos sacrificios. Estas ideas tienen que ver con la integración de varias instituciones. Tienen que ver con la necesidad de crear equipos de orientación, de corrección, de promoción. Son muchas las tareas pendientes. Debemos estimular el nacimiento y desarrollo de programas de radio y televisión sobre arte y literatura e insistir en la necesidad de que existan publicaciones regulares tanto en los medios ya establecidos como fomentar la creación de otros. Necesitamos revistas y periódicos también regulares donde se publiquen y se promuevan nuestras obras tanto las tradicionales como las nuevas. Estas son solo ideas. Si nos unimos en torno a ellas y a muchas otras es probable que se obtengan algunos logros.

En relación a tu otra pregunta, creo que el escritor es escritor, publique o no publique. Publicar es una meta, pero es también una eventualidad. Ser escritor es una condición íntima, real, determinante. Es, sencillamente, lo que eres. Y eso no tiene que ver con ninguna otra situación o condición. Es lo que Yaveth le respondió a Moisés cuando lo cuestionó sobre quién era Él. Su respuesta: Soy el que soy. Eso lo dice todo.

 

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Published by: Medrano Néstor

Periodista, consultor político y escritor, con más de 12 años cubriendo las incidencias del acontecer político, social, judicial y cultural de República Dominicana, recibió el Premio Único de Poesía de la Alianza Cultural Cibaeña, con el libro Escritos con Agua de Lluvia y la primera mención especial con los relatos del volumen Cuentos de Vapor y de Sombras en el año 2008. En el 2009 el Grupo Editorial Norma publicó su novela Héroes, Villanos y Una Aldea, que presentó en el marco de la Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2009. Ese mismo año su reportaje Niños buzos viven entre la basura y olores nauseabundos, resultó finalista en el concurso anual de periodismo de Visión Mundial y la Unicef. El Ministerio de Cultura publicó en el 2012 su novela ¿Dónde está Johnny Lupano? ¿Dónde está Johnny Lupano?, resultó finalista del certamen online de novela internacional de Yoescribo.com que patrocina la Fundación Cabana en el 2005. Es fundador de la página Hombre de Letras. Sus cuentos, poemas y ensayos han sido publicados en las revistas Vetas, Mythos y Global de la Fundación Global Democracia y Desarrollo. Tiene la columna La Cuartilla en Listín Diario. Su libro de ensayos Las Huellas Literarias de Juan Bosch fue publicado en el año 2014. Este mismo año fue antologado junto a un grupo de poetas dominicanos, en el libro Poetas de la Era III, de la Editorial Santuario, compilación de Elsa Báez.

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