Cuando me abrazaste me sentí indefenso


Cuando me abrazaste me sentí indefenso. Es así. A veces uno se debilita o lo debilitan las circunstancias, el roce de lo inesperado. Tú, que eres así unos días, tan espontánea, hermosa hasta el dolor, sexual; una ilusión que traspasa los resquicios de la hombría y me hace colapsar ante ese sentimiento debilitante que no te oculto y te profeso. Entonces quise escribirlo. A veces escribir me surte unos efectos indeseados, me devuelve a los estados esenciales, que son los estados de la sensibilidad, aquella que nos desocupa de las durezas cotidianas, de los dones inauditos de la supervivencia y la desidia amarrada a los estilos de vida. Pensé en fumar antes de escribir. Fumar para deshacer en el humo los demonios que se esparcen con el humo, y, qué vaina, regresaste a mi mente con toda la furia de tu mirada, a veces de mujer indefensa y con los brazos abiertos para determinar el punto de acceso a tus propios sentimientos, tan revoloteados, tan así de complicados, tan llenos de lluvia y de tempestad, de enemiga de mis propias resoluciones que colocan ese stop, ese cuidado, no te dejes llevar por su aroma ni por sus labios que quisiera marchitar y refrescar junto a los míos cuando me dice lancémonos a la lluvia, sin importar lo que piense la gente. Construyamos una locura para volver a nuestra cordura desigual e insumisa: una rebeldía resbaladiza como la que se incrusta en nuestros poros. Cuando me abrazaste me surgió el deseo. Tu deseo inocente ante mi deseo ingenuo de posesión y desbordamiento y en nuestro entorno la cotidianidad, la ciudad y sus tapones de mil demonios, la gente que divaga metida en su mutismo, en sus mil conflictos de vida y de sopor. Solo nuestra lluvia, solo nuestros pequeños momentos capturados en una especie de atalaya impenetrable. Cuando me abrazaste me sentí a deshoras, indefenso, sumiso, con ganas de seguir a tu lado, con ganas de seguir a nuestro lado, juntos, emparentados en los designios de lo que posiblemente y en algún momento, tendrá que ser u ocurrirnos.

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Published by: Medrano Néstor

Periodista, consultor político y escritor, con más de 12 años cubriendo las incidencias del acontecer político, social, judicial y cultural de República Dominicana, recibió el Premio Único de Poesía de la Alianza Cultural Cibaeña, con el libro Escritos con Agua de Lluvia y la primera mención especial con los relatos del volumen Cuentos de Vapor y de Sombras en el año 2008. En el 2009 el Grupo Editorial Norma publicó su novela Héroes, Villanos y Una Aldea, que presentó en el marco de la Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2009. Ese mismo año su reportaje Niños buzos viven entre la basura y olores nauseabundos, resultó finalista en el concurso anual de periodismo de Visión Mundial y la Unicef. El Ministerio de Cultura publicó en el 2012 su novela ¿Dónde está Johnny Lupano? ¿Dónde está Johnny Lupano?, resultó finalista del certamen online de novela internacional de Yoescribo.com que patrocina la Fundación Cabana en el 2005. Es fundador de la página Hombre de Letras. Sus cuentos, poemas y ensayos han sido publicados en las revistas Vetas, Mythos y Global de la Fundación Global Democracia y Desarrollo. Tiene la columna La Cuartilla en Listín Diario. Su libro de ensayos Las Huellas Literarias de Juan Bosch fue publicado en el año 2014. Este mismo año fue antologado junto a un grupo de poetas dominicanos, en el libro Poetas de la Era III, de la Editorial Santuario, compilación de Elsa Báez.

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