El Cine: pasión desconcertante


Desde que yo era chiquito, el cine siempre se consideró un vehículo de entretenimiento por excelencia, que nunca fue superado y sólo la lectura de buenas obras literarias podía competir con las películas que se exhibían los domingos en la matinee, aunque no creo que muchos carajitos estuvieran interesados en la lectura.

Los filmes eran vistos sin criterio crítico y mucho nos gustaban las patadas y las escaramuzas de los samuráis y de los guerreros del Templo de Shaolin o del grupo del Dragón, las películas en boga por estos años, la década de los ochenta estaban protagonizadas por Bruce Lee, Jackie Chan y luego se agregaron otros astros de las artes marciales, con su buena pizca de humor. Ese cine pueblerino es llamado por la nostalgia.

Nos reuníamos en el parque Duarte-el nombre en honor al padre de la patria Juan Pablo Duarte- vestidos con nuestros pantaloncitos cortos y nuestras camisas de poliéster, para presenciar esas películas, sólo para divertirnos. No había el criterio de cinéfilos, con el que mucho tiempo después algunos de los chicos del grupo se hicieron, hablando de las genialidades de Almodóvar, de Luis Buñuel-cada uno en su contexto- de Alfred Hitchcock, de Brian De Palma y hasta de Robert Redford con su fiebre de cine independiente, luego de sellar una carrera de chico dandy de la meca hollywoodense. El cine era único y las salas que exhibían las películas constituían junto al teatro ambulante de los centros de cultura pública, un mecanismo de escape para las vicisitudes cotidianas que debían vivir nuestros padres. Sin embargo, ya no es lo mismo.

No sólo por la proliferación de cineastas de toda calaña y por el influjo a veces alienante de Hollywood, que en países como el mío fue y es amo y señor de las súper producciones y del atractivo de la gente, sino porque la competencia, la piratería, la Internet, los vídeos en sus versiones VHS y luego DVD, han ido desplazando las visitas a las salas.

A partir de ahí es de donde sale la reflexión: se ha perdido la tradición y muchos dueños de salas de cine se han ido a pique. Pues, usted dice este fin de semana iré con mi(s) hijo(s) a ver Batman y tu compañero de trabajo te replica, pero mejor alquila la cinta o bájala de Internet y uno, romántico hasta el fin del milenio le plantea; es que no es lo mismo; la atmósfera de una sala con su aire acondicionado irrespirable, las parejitas que van a besuquearse y el grupito de malditos que asisten a hablar, a hacer comentarios y a hacerle la vida imposible a quienes quieren visualizar la película, eso, no se vive en la sala de tu casa, en mi caso dominicano con el riesgo de que un jodido apagón-interrupción de la energía eléctrica-te haga subir la glicemia e impedir que disfrutes de la cinta.

Lo lamentable es que si bien es cierto que hoy proliferan muchas salas de cine, con muchos disparates en pantalla, como Los Cuatro Fantásticos, donde vi a mi héroe Ben, la mole, frustrado porque se convirtió en piedra y al sujetar un vaso para beber agua, se rompió en su diestra, esta modalidad de entretenimiento y de cultura está en declive. El negocio peligra, dicen los empresarios. Los niños se sienten atraídos por ver sus muñequitos animados, de los que Walt Disney ha hecho producciones que hoy perduran y nos recuerdan nuestra propia infancia: El Rey León, Pocahontas, Peter Pan, Trazan el hombre mono y otras, nos han devuelto la alegría de retornar al cine. Pero, mucho antes que yo y sin pagar de inmediato, ya los carajitos se las han bajado de Internet y volvemos al círculo vicioso de lo mismo.

Las regulaciones no existen, o sí, existen, pero los piratas tienen mil maneras de acceder a ese océano interminable sin pagar los impuestos requeridos, sin sufrir lo que sufren los productores y no es que defienda a esos leones naturales, pero han puesto en vilo el negocio del cine, y con ello, el negocio de la ilusión. Esto es una reflexión sin muchas luces que aspiraba a escribir desde hace tiempo, sin los formulismos del crítico ni los aspavientos intelectuales de los cinéfilos. Lo mejor de todo es que los críticos no son tales, sino una partida de comentaristas que reciben taquillas gratis para hablar de tal o cual película, pero ese es otro asunto, que deberemos tratar más tarde.
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Published by: Medrano Néstor

Periodista, consultor político y escritor, con más de 12 años cubriendo las incidencias del acontecer político, social, judicial y cultural de República Dominicana, recibió el Premio Único de Poesía de la Alianza Cultural Cibaeña, con el libro Escritos con Agua de Lluvia y la primera mención especial con los relatos del volumen Cuentos de Vapor y de Sombras en el año 2008. En el 2009 el Grupo Editorial Norma publicó su novela Héroes, Villanos y Una Aldea, que presentó en el marco de la Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2009. Ese mismo año su reportaje Niños buzos viven entre la basura y olores nauseabundos, resultó finalista en el concurso anual de periodismo de Visión Mundial y la Unicef. El Ministerio de Cultura publicó en el 2012 su novela ¿Dónde está Johnny Lupano? ¿Dónde está Johnny Lupano?, resultó finalista del certamen online de novela internacional de Yoescribo.com que patrocina la Fundación Cabana en el 2005. Es fundador de la página Hombre de Letras. Sus cuentos, poemas y ensayos han sido publicados en las revistas Vetas, Mythos y Global de la Fundación Global Democracia y Desarrollo. Tiene la columna La Cuartilla en Listín Diario. Su libro de ensayos Las Huellas Literarias de Juan Bosch fue publicado en el año 2014. Este mismo año fue antologado junto a un grupo de poetas dominicanos, en el libro Poetas de la Era III, de la Editorial Santuario, compilación de Elsa Báez.

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Un comentario en “El Cine: pasión desconcertante”

  1. ¿”Batman Behin”?, ¿no sería “Batman Begins”?.

    No es por faltarle el respeto, sé que usted sabe de letras y literatura, pero no es para que tenga tanto ego, Medrano. Por eso le pasó lo de “Diafante” y ahora usted y el buen Bosch son una burla en el internet.

    Bájele algo (como la campaña), recuerde que representa nuestro país como cualquier otro ente en internet representaría su país.

    Otra cosa, como periodista y literario que usted es, le recomiendo que modere su lenguaje, leí en el de Bosch algo que decía “Jodido País” y no creo que ni un periodista ni otro tipo persona debe decir ese tipo de cosa, sea del país que sea.

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