Te vas si vuelves

Antes todo era igual. Tan igual como ahora; incluso las calles estrechas de la ciudad eran rociadas con la luminosidad de neón de las lámparas silentes y los bancos encadenados en los márgenes de la vía de adoquines que servían para sentarnos como dos chiquillos también rociados de alguna sustancia cercana al amor.

Creíamos que el amor era una sustancia intangible que nos transmitíamos de boca a boca, que iba germinándose entre nuestros líquidos vitales cuando nos retorcíamos en la cama fría repleta de agua, en una habitación también rociada de luz de neón y de brisas tenues que se filtraban por entre las persianas; porque la sentíamos. La sentíamos en nuestra epidermis, en nuestra piel y en nuestros puntos prohibidos abiertos al calor de un diluvio universal en el que iniciábamos el mundo y lo matábamos al mismo tiempo para no morirnos en el éxtasis que, sorpresivamente, también era de lluvia y de salpicaduras de neón.

Tu cuerpo era de neón. Me gustaba verlo al contraluz del aposento, entre el filo de la puerta del cuarto de baño y el aposento, porque te sentabas extenuada, con el Marlboro a flor de labios, echando humo como una chimenea, exhalando. Pensando. Miraba tu perfil; tu nariz embarrada de sombra y tu cuerpo de virgen infernal trastornando cada resquicio de mis sentidos latentes. Me insuflabas al extremo de impulsarme, abalanzarme sobre ti y desear inundarme de tus poros, ahogarme en uno de tus besos y resucitar más tarde, luego de vencidos todos los capítulos de la orgía perpetua de lo que era junto a ti y de lo que no era cuando estaba sin ti o cuando no estaba, porque, fluías como el sol y traspasabas mi cálamo, te sumergías en ese mundo torrentoso y magnífico donde surgía la sustancia del amor; húmedo filosófico, germinal y seminal.
Pero todo esto no es más que un recuerdo gris. Gris como el amanecer metálico que dejó la lluvia anoche o tal vez una noche pasada o futura que quizás no llegará o que llegó y nos minimizó en sus aguas, sin reducirnos completamente, porque pudimos derretirnos y solidificarnos una y otra vez en un incierto acontecimiento de deseos pasajeros que permanecieron y se marcharon al mismo tiempo, porque éramos lluvia, éramos agua y finalmente éramos una maquinaria de suspiros azules que nos legaron el sexo, la lascivia y el culto a la carne.

Volvimos a caminar por esa calle adoquinada, irradiada de neón y te vi tan cercana y lejana, sujetando tu ron con Coca-Cola y tu cigarrillo, adelantando los pasos y permitiendo que te persiguiera, que corriera detrás de ti, que me sumieras en tu sombra y que ascendiera hasta descubrirme solo en el aniversario de tu muerte.

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Published by: Medrano Néstor

Periodista, consultor político y escritor, con más de 12 años cubriendo las incidencias del acontecer político, social, judicial y cultural de República Dominicana, recibió el Premio Único de Poesía de la Alianza Cultural Cibaeña, con el libro Escritos con Agua de Lluvia y la primera mención especial con los relatos del volumen Cuentos de Vapor y de Sombras en el año 2008. En el 2009 el Grupo Editorial Norma publicó su novela Héroes, Villanos y Una Aldea, que presentó en el marco de la Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2009. Ese mismo año su reportaje Niños buzos viven entre la basura y olores nauseabundos, resultó finalista en el concurso anual de periodismo de Visión Mundial y la Unicef. El Ministerio de Cultura publicó en el 2012 su novela ¿Dónde está Johnny Lupano? ¿Dónde está Johnny Lupano?, resultó finalista del certamen online de novela internacional de Yoescribo.com que patrocina la Fundación Cabana en el 2005. Es fundador de la página Hombre de Letras. Sus cuentos, poemas y ensayos han sido publicados en las revistas Vetas, Mythos y Global de la Fundación Global Democracia y Desarrollo. Tiene la columna La Cuartilla en Listín Diario. Su libro de ensayos Las Huellas Literarias de Juan Bosch fue publicado en el año 2014. Este mismo año fue antologado junto a un grupo de poetas dominicanos, en el libro Poetas de la Era III, de la Editorial Santuario, compilación de Elsa Báez.

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Un comentario en “”

  1. NÉSTOR MEDRANO

    Todo amante de las letras que se inicia o que va trillando el camino de la consagración debe tener un escritor de cabecera. Un aspirante a escritor debe contar con ese maestro que le infunda las influencias, o lo que es lo mismo, que le indique el camino por el cual caminar en este difícil mundo de la Literatura. Esta bitácora tiene esa intención, servir de enlace entre los que se inician en el oficio y los grandes de las letras.
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    Néstor Medrano
    Mi nombre es Néstor Medrano, soy un periodista dominicano que ve, siente y respira la Literatura, como recurso válido para que el hombre de nuestro mundo redefina el rol que le toca en él. Pertenezco al equipo del rotativo dominicano Listín Diario y como reportero he cubierto las incidencias más importantes de los últimos ocho años en los ámbitos político, social, cultural. Fruto del trabajo realizado en los barrios marginados, en el 2004 un grupo de organizaciones comunitarias me distinguió con un reconocimiento público, junto a otros colegas de mi nación. Durante dos años fui subdirector de la revista, ya desaparecida, La Gacela, donde cobré experiencia al escribir sobre los efectos devastadores que legó el huracán Georges en septiembre del 98. Tengo tres novelas escritas: Contra Dios no se puede pelear, ¿Dónde está Johnny Lupano? y El Viejito Chistón de ojos aguados. Además el libro de relatos Cuentos de Vapor y de Sombras. nestormedrano@hotmail.com nesto6662000@yahoo.es

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    12 marzo 2007

    Te vas si vuelves

    Antes todo era igual. Tan igual como ahora; incluso las calles estrechas de la ciudad eran rociadas con la luminosidad de neón de las lámparas silentes y los bancos encadenados en los márgenes de la vía de adoquines que servían para sentarnos como dos chiquillos también rociados de alguna sustancia cercana al amor.

    Creíamos que el amor era una sustancia intangible que nos transmitíamos de boca a boca, que iba germinándose entre nuestros líquidos vitales cuando nos retorcíamos en la cama fría repleta de agua, en una habitación también rociada de luz de neón y de brisas tenues que se filtraban por entre las persianas; porque la sentíamos. La sentíamos en nuestra epidermis, en nuestra piel y en nuestros puntos prohibidos abiertos al calor de un diluvio universal en el que iniciábamos el mundo y lo matábamos al mismo tiempo para no morirnos en el éxtasis que, sorpresivamente, también era de lluvia y de salpicaduras de neón.

    Tu cuerpo era de neón. Me gustaba verlo al contraluz del aposento, entre el filo de la puerta del cuarto de baño y el aposento, porque te sentabas extenuada, con el Marlboro a flor de labios, echando humo como una chimenea, exhalando. Pensando. Miraba tu perfil; tu nariz embarrada de sombra y tu cuerpo de virgen infernal trastornando cada resquicio de mis sentidos latentes. Me insuflabas al extremo de impulsarme, abalanzarme sobre ti y desear inundarme de tus poros, ahogarme en uno de tus besos y resucitar más tarde, luego de vencidos todos los capítulos de la orgía perpetua de lo que era junto a ti y de lo que no era cuando estaba sin ti o cuando no estaba, porque, fluías como el sol y traspasabas mi cálamo, te sumergías en ese mundo torrentoso y magnífico donde surgía la sustancia del amor; húmedo filosófico, germinal y seminal.
    Pero todo esto no es más que un recuerdo gris. Gris como el amanecer metálico que dejó la lluvia anoche o tal vez una noche pasada o futura que quizás no llegará o que llegó y nos minimizó en sus aguas, sin reducirnos completamente, porque pudimos derretirnos y solidificarnos una y otra vez en un incierto acontecimiento de deseos pasajeros que permanecieron y se marcharon al mismo tiempo, porque éramos lluvia, éramos agua y finalmente éramos una maquinaria de suspiros azules que nos legaron el sexo, la lascivia y el culto a la carne.

    Volvimos a caminar por esa calle adoquinada, irradiada de neón y te vi tan cercana y lejana, sujetando tu ron con Coca-Cola y tu cigarrillo, adelantando los pasos y permitiendo que te persiguiera, que corriera detrás de ti, que me sumieras en tu sombra y que ascendiera hasta descubrirme solo en el aniversario de tu muerte.

    Publicado por nestormedrano los 5:21 PM 0 comentarios

    14 febrero 2007
    Dejé de existir sin tu existencia a mi lado

    Desde ahora y antes que nada quiero recordarnos como en aquellos tiempos, cuando abrazados uníamos los cuerpos y caminábamos como barriendo el asfalto y las hojas secas que descolgaba el viento con la violencia tenue de la vehemencia. Todavía tengo la chaqueta manchada de café, el café que derramaste cuando quisiste que tus labios y los míos dieran una demostración pública de que estábamos juntos sin importar el gentío del restaurante y las miradas curiosas que nos penetraban con esa envidia lasciva irrefrenable. Todavía guardo en mi cartera algo de tu mirada que era la mirada de una niña que ascendía y descendía en cascada y a quien yo, me enorgullezco de ello, mostré los caminos dulces del mal y los estrechos y nunca bien ponderados del bien.
    Porque ambos éramos eso; un soplo, un pálpito, un torrente sanguíneo procedente de un sistema circulatorio unificado. Guardé en mi cartera, o en alguna parte del baúl de mis recuerdos, la expresión de tu piel cuando temblaba, en aquel temblor del cielo, que resonaba a Poesía, a poesía de la carne y del espíritu, ambos fluidos, fluyentes y constantes, que se bifurcaban y nos acercaban a un tramo del cielo y del infierno, porque eso era el amor, más allá de nosotros dos y nuestras andanzas por las calles intramuros de la ciudad colonial, cerca de la puerta de la Misericordia, donde se reúnen la nostalgia de mejores tiempos y los chicos y jóvenes con el horizonte turbio de la marihuana y los tragos de ron con Coca-Cola.
    Otra cosa que recuerdo es tu sonrisa. La tengo aquí zumbándome el oído izquierdo, reías, con el rostro entre esa cabellera ondulada y amarilla y mi hombro, y decías que mis chistes eran tan malos que no te que quedaba otra alternativa que llorar para verte hacerlo por simple alegría. Entonces tuis lágrimas se derramaban de esos ojos que me desnudaban desde el fondo de mis adentros, y me debilitaban, porque me mirabas con una una mirada poco común, inmerecida para un pobre mortal sin mayores aspiraciones que vivir para saber que tu vida vale la pena porque me hace vivir la mía, sabiendo que sin la tuya, hasta la sonrisa, la madrugada y la lluvia, son cadáveres natimuertos de orfandad y de profunda tristeza.
    No puedo hacer nada menos que recordarnos a ambos, cuando éramos así como queríamos ser, no como somos hoy, cruzados e interrumpidos por caminos diferentes, con hogares diferentes y amores que aunque amados en cierta medida, nunca superarán esos años que estuvimos juntos, aquellos años en los que descubrimos que moriríamos los dos y que como castigo a una separación gratuita y caprichosa nos costaría vivir, simplemente vivir, como si se tratara de respirar para no dejar de existir en el mundo, aunque ya, desde hace tiempo dejamos de existir.

    Publicado por nestormedrano los 6:21 PM 1 comentarios

    07 febrero 2007

    Esta nostalgia de lluvia

    A veces amanezco con el alma arrabalizada por sentimientos confusos, por sombras grises que se convierten en nubes que estallan en lluvia, una lluvia indefinida, sin color; matizada por la ausencia de vida, desencadenante.
    A veces quiero tomar un café con leche en la vieja calle El Conde pero debo huir de sus adoquines y de su atmósfera, porque esa calle, repleta de tiendas, las mejores tiendas de la ciudad, con sus edificios antiquísimos y su sol amarillo que muere en la distancia; con sus piruetas y sus buscavidas, sus niños vendiendo maquinitas de hacer burbujas y sus pedigüeños y pintores de ilusiones, éxitos y fracasos, como muchas cosas ha desaparecido.
    Y me consterna. Me consterna porque no he podido verte o por lo menos verme yo mismo en el espejo pensándote, o al menos, intentando materializar eso que, quizás, puede ser un beso bañado de ambos.
    Pero la ciudad despierta también negra. Oscura. Sin luz, sin luna ni bombillas que iluminen la calle repleta de sueños, sueños perdidos que se han deshojado en cada paso repetido, en cada recuerdo y en cada sombra donde creo que estuviste alguna vez o que aún estás; no sé si alucino o si me dejo arrastrar por una verdad de mentira que me oculta la historia, la verdadera e irreal historia de lo que pudo haber sucedido si esa mañana antes de irte, hubieras hecho el amor conmigo o con quien pretendo que tú creas que soy.

    Publicado por nestormedrano los 12:08 AM 0 comentarios

    04 febrero 2007

    Juan Bosch nuestro cuentista por excelencia

    Actualmente escribo sobre Juan Bosch. Pero no sobre el Juan Bosch político que fue presidente de la República y cuyo gobierno fue tumbado por los grupos que nunca entendieron cuál era su misión como un artífice importante de la democracia dominicana.
    En el poco tiempo que puedo sacar fuera de mis labores de supervivencia como periodista, he profundizado en aspectos relevantes de la vida de ese hombre que, al publicar Camino Real quizás ignoraba que su impronta literaria lo haría trascender más allá de las fronteras continentales para situarlo frente a otros grandes de la narrativa fundamental, como Arturo Uslar Pietri, Rómulo Gallegos y Julio Cortázar.
    Escribo no sobre el Bosch que logró fundar dos de los partidos políticos que han cimentado parte del devenir democrático de República Dominicana: el Revolucionario Dominicano (PRD) y el de la Liberación Dominicana (PLD); no sobre el Bosch que compartió escenarios con líderes demócratas mundiales que lo vieron y se solidarizaron porque como él combatían dictaduras y se ceñían sobre las cabezas las ideas libertarias propias de hombres enquistados en su admiración como el poeta y prócer cubano José Martí.
    No. En el libro de ensayos que preparo, vaya osadía para un practicante todavía imberbe de la narrativa, hablo del Juan Bosch literato, lo que, por supuesto, no significa una desvinculación de su condición esencial de político, la que manifiesta aún en sus cuentos más representativos. Porque Bosch hacía narrativa social, aunque sus obras no se vistieran del color ideológico que tuvieron otros, como el poeta chileno Pablo Neruda, que se inmiscuyó con tino certero en la literatura militante.
    Bosch era amigo de Neruda. Neruda lo conoció en su casa de Cuba y los presentó otro poeta monumental, Nicolás Guillén, porque en esos tiempos de Cuba, en un largo exilio que sirvió para fortalecer sus convicciones literarias, ya era un intelectual consagrado que se codeaba con lo mejor de lo mejor.
    Mi ensayo tiene un objetivo: tratar desde una minúscula trinchera de difundir a Bosch como escritor. Como una de las figuras más grandes de la literatura hispanoamericana, que trascendió como lo hicieron en su tiempo Pedro Henríquez Ureña y Manuel del Cabral.
    No se ha hecho. Nadie lo ha hecho. Planteo que la figura de Juan Bosch no ha sido aquilatada en su justa dimensión como literato, como el más grande literato dominicano, aunque para algunos esto sea un criterio subjetivo, lo que no invalida la veracidad de esa afirmación.
    Los esfuerzos que se han hecho por difundir la obra del autor de la Nochebuena de Encarnación Mendoza, no han sido suficientes. Hay quienes lo han considerado, incluso junto a Miguel Ángel Asturias y Arturo Uslar Pietri el tríptico de narradores caribeños precursores del realismo mágico latinoamericano.
    Yo comparto ese criterio. A rajatabla.

    Publicado por nestormedrano los 9:22 PM 0 comentarios

    03 febrero 2007

    Publicado por nestormedrano los 8:20 PM 0 comentarios

    11 enero 2007
    Hasta luego, queridos

    Para mí la Literatura es una actividad constante, cuyo ejercicio no puede interrumpirse, porque en ella cada día es tan valioso como la vida misma. Sin embargo, a partir de hoy me tomaré unos días de descanso que abarca, incluso mis actividades como periodista del rotativo dominicano Listín Diario. Este blog sigue activo para quienes desean continuar entreteniéndose con la lectura de sus cuentos y de sus narraciones.
    recomiendo a quienes no lo hayan hecho, leer el fragmento de la novela “La muerte no tiene retorno”, de la cual creo es un esfuerzo que no los desanimará.

    Hasta febrero.

    Néstor Medrano

    Publicado por nestormedrano los 10:38 PM 2 comentarios

    10 enero 2007
    Chaos

    Te ha ocurrido que unos ojos
    se convierten en mirada
    cuando sus luces ansían
    encenderse ante los tuyos…
    te ha ocurrido
    sin que surjan las preguntas
    o resurjan las afirmaciones:
    hay un arco de calles cerradas
    esquinas abiertas y edificios
    de vapor y de sombras
    diluidos en la transparencia
    del sol…
    Cuando no hay miradas
    O sí las hay
    cuando sí hay miradas
    pero la lluvia trastorna
    esta humedad de los instintos
    de los instintos vivos
    ante la pasión muerta de los
    redimidos de las noches vacías,
    los días llenos
    y las tardes humanas y delirantes:
    que dan al traste con nosotros
    y contigo y con toda esta
    cofradía de sucesos taciturnos
    de mierdas pestilentes en
    singular
    o se termina el mundo antes
    de renacer
    en una aventura negra
    de suicidios veloces.
    Y me pregunta con la voz tenue
    soliviantada por esas alas sin
    plumas que son huesos del
    infierno secreto
    de mis días y los tuyos
    que son los suyos y de aquél
    y de este tropel de palabras
    mortecinas, que se apagan
    sin lumbre y sin huecos
    para aparcar el automóvil:
    en este final filial de apetencias
    de mujeres y hombres amañados
    por el vicio del dolor
    que todo lo ha devorado
    con sus calambres y moratones
    con sus presencias físicas
    de cadáveres cuyos dueños
    nunca tuvieron vida: sólo cruces
    apalmadas de martirio
    de orgasmos e interludios amarillos
    y ellos, se quedaron sin voz
    para la protesta.

    Publicado por nestormedrano los 8:00 PM 0 comentarios

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