Escritor de Cabecera


Todos tenemos un escritor de cabecera. Es una especie de guía en las concepciones estéticas, en la propia creación y en aquello que se ha debatido durante siglos como el estilo. Es de ahí de donde parten las influencias, esas corrientes que influyen en el proceso de la creación del cuento, la novela, el poema y el mismo ensayo, que ya sale de la parte ficcional, para penetrar más estrictamente al campo del pensamiento formal.
En mi caso soy un escritor. Aspiro a lograr la perfección que sólo se alcanza con el esfuerzo, la entrega, la perseverancia y la paciencia, y esta última, como elemento debe ser usada por quien se inicia, como consejero para evitar que la desesperación nos aniquile en el camino.
La mejor forma de aprender a escribir es escribiendo. Se trata de algo tan simple como las matemáticas, porque en las aulas siempre nos dijeron que esta disciplina se aprende y se domina, con esfuerzo, práctica, más práctica y más esfuerzo, aunque parezca un círculo vicioso.
Antes, cuando tenía unos añitos menos y me quería llevar el mundo por delante, desesperado porque alguien con conocimientos editoriales, más allá del amiguismo complaciente, me señalara las bondades y defectos de mi obra, una obra tan incipiente y desvertebrada, nunca entendí los consejos ancestrales, uno de ellos, “escribe la novela o los relatos y guárdalos para que reposen seis o siete meses, luego vuelve a corregir”, pues creía que era demasiado tiempo para un producto terminado.
Con los años, los meses de constante trabajo, me he dado cuenta de que nunca debemos hacer caso al primer impulso, es mejor madurar el libro, que si sale al medio, con sus dificultades y criterios mercantiles, no haya punto débil y si lo hay, que sea corregible y sin faltas fatales.
Para eso están ahí los escritores de cabecera. Son los textos mayores que todos deben ir descubriendo mientras transcurre su formación como escritor; son los grandes poetas, novelistas y cuentistas de todos los tiempos, porque sólo así lograremos depurarnos y coger y dejar hasta formarnos un estilo propio, que no es tarea fácil.

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Published by: Medrano Néstor

Periodista, consultor político y escritor, con más de 12 años cubriendo las incidencias del acontecer político, social, judicial y cultural de República Dominicana, recibió el Premio Único de Poesía de la Alianza Cultural Cibaeña, con el libro Escritos con Agua de Lluvia y la primera mención especial con los relatos del volumen Cuentos de Vapor y de Sombras en el año 2008. En el 2009 el Grupo Editorial Norma publicó su novela Héroes, Villanos y Una Aldea, que presentó en el marco de la Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2009. Ese mismo año su reportaje Niños buzos viven entre la basura y olores nauseabundos, resultó finalista en el concurso anual de periodismo de Visión Mundial y la Unicef. El Ministerio de Cultura publicó en el 2012 su novela ¿Dónde está Johnny Lupano? ¿Dónde está Johnny Lupano?, resultó finalista del certamen online de novela internacional de Yoescribo.com que patrocina la Fundación Cabana en el 2005. Es fundador de la página Hombre de Letras. Sus cuentos, poemas y ensayos han sido publicados en las revistas Vetas, Mythos y Global de la Fundación Global Democracia y Desarrollo. Tiene la columna La Cuartilla en Listín Diario. Su libro de ensayos Las Huellas Literarias de Juan Bosch fue publicado en el año 2014. Este mismo año fue antologado junto a un grupo de poetas dominicanos, en el libro Poetas de la Era III, de la Editorial Santuario, compilación de Elsa Báez.

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