Ya no podré verte con los mismos ojos ya no
Los latidos fluyen por desconocidos territorios de mi
Piel y la tuya que es nuestra
O por lo menos
Eso aspiro desde ayer a las tres de la noche.
Ya no. Ya no estaré en el mismo lugar
Donde se armaba la rebelión de los dones del sudor
La festividad ardiente de los poros bañados de
Almíbar: miel en tus labios que mortifica
La instancia de esta soledad sin ti que has llegado.
Ya no podré reconciliar este sueño de gemidos y caricias
Con la irónica razón de tu lágrima:
La lágrima escrita por la lluvia y
Descrita al final, cuando llegamos al puerto de origen.
Ya no. Ya no serás recuerdo, cascada humedecida de hebras negras
Cubrían tu cuello embebido de algas azules y de otros sueños
De paseos y recorridos
De gimnasias de amor en derroche
Hasta desgastarnos en la copa de la lujuria y la ilusión, por
Supuesto: sin el permiso de Dios.
Ya no podré verte con los mismos ojos ya no.
Quién incide en concedernos lo inconcebible para nadar y remar
Más allá de nuestro sudor que es un instante mágico de
Placer: copas de vino. Rubor. Tu rostro enrojecido
Y las pronunciadas advertencias de tu pecho:
Si llegas la desnudez es absoluta. Ya no.
Si llegas la oscuridad permite la transformación de la materia
Calibrar el gesto de tu boca cuando me sientes adentro
En esas interioridades prohibidas
En esos mordiscos ligeros que nos aproximan al bastión de la carne y
Fluyes. Alguna vez fluimos juntos, los dos sin ambos
Pero unidos hasta el fondo de la piel.
Ya no podré mirarme desde tus ojos ya no.
Afiliarme a tus formas con las palmas de mis manos
Y padecer el sufrimiento alegre de la perfección
De los caminos y curvaturas; elixir de vientre y temblor
Abrazo atizado de fuego: ya no.


